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Mapa de Recursos Comunitarios del barrio de Franciscanos

Hoy el barrio de Franciscanos de Albacete avanza en convivencia y cohesión social con la publicación de su Mapa de Recursos Comunitarios. Un mapa-guía virtual que ha sido realizado de forma colaborativa entre diversas asociaciones, colectivos, entidades y recursos del barrio, con la finalidad de reflejar tanto la ubicación de los recursos como su descripción y los datos de contacto.

Puedes acceder al Mapa pulsando en ESTE ENLACE.

Esta herramienta virtual supone una oportunidad para conocer los más de 200 recursos de diferentes ámbitos que dan vida al barrio y a la ciudad: sociales, sanitarios, educativos, laborales, culturales y de ocio, deportivos, sostenibilidad y medio ambiente, urbanos y otros.

La elaboración del Mapa parte de las necesidades identificadas por distintos actores del barrio que, desde el Proceso de Intervención Comunitaria Yo Soy Franciscanos, han expresado la conveniencia de disponer de una herramienta que ayude a visibilizar y poner en valor los recursos existentes en el barrio para favorecer el conocimiento mutuo y las redes cooperativas entre unos y otros en pro de la comunidad.

El mapa ha sido presentado hoy, día 2 de marzo, a las 10:30 desde el canal de YouTube del Ayuntamiento de Albacete, y ha contado con la presencia de Juani García Vitoria, concejala de atención a las personas, y el Equipo Comunitario de la Asociación IntermediAcción, integrado por Vanesa López Peñarrubia y María Solana Rubio.

El acto de presentación puede verse en diferido pulsando AQUÍ.

¡Muchas gracias a todas las personas y recursos que habéis sumado y aportado en este proceso de construcción colectiva! Esperamos que os sea útil y que sirva como una nueva excusa para seguir haciendo y conectando barrio.

Selfie+Film= SelFilm

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¿Piensas que hacer cine es algo solo al alcance de privilegiados?

¡Nada de eso! Así como han surgido varios modos de ver cine, también hay nuevas oportunidades de hacerlo. Ya no depende todo de grandes producciones ni de salas con pantallas grandes, el cine es mucho más. Es un lenguaje y una manera de expresarse mediante sonidos e imágenes en movimiento, algo que podemos practicar todos gracias a los nuevos medios. Hay muchos artistas anónimos y gente común que sale a la calle, graba instantes con lo que tiene más a mano (una cámara profesional, una de aficionado o incluso un móvil) y es capaz de dar forma a la realidad para construir un discurso y una narración que transmite emociones.

Sí, eso es cine y tú puedes hacerlo. ¿Te gustaría saber cómo? Pues súmate a nuestro taller de SelFilm y déjanos explorar contigo las posibilidades que te brinda tu entorno más cercano para hacer un cortometraje en el que tú seas el protagonista. O tu familia, tus amigos, tu barrio… ¡la decisión es tuya! Detrás de todo lo que ves y vives, hay algo digno de ser contado.

¿CÓMO? La parte formativa del taller se desarrollará mediante tres encuentros grupales y asesoramiento personalizado, mientras que las grabaciones las harás donde y cuando tú prefieras, dentro del plazo fijado.

¿PARA QUIÉN? Participantes de 15 a 25 años.

¿CUÁNDO? Empezaremos el 24 de febrero, de 17:00 a 19:00. Después habrá dos sesiones más con el mismo horario, los miércoles 3 y 17 de marzo, para avanzar y compartir las propuestas. Además, si quieres apoyo con tu peli, puedes recibir asesoramiento individual en el momento que acordemos.

¿DÓNDE? Tanto las sesiones grupales como el asesoramiento individual se realizarán a través de la plataforma Zoom, a la que accederás con los enlaces que iremos compartiendo.

¿CUÁNTO CUESTA? Nada, es una actividad gratuita.

¿QUÉ NECESITO? Una cámara (puede ser de fotos, de vídeo o la cámara de tu móvil) y un programa o aplicación para montar. Si no tienes ninguno, te recomendaremos algunas alternativas gratuitas… aunque si no buscas complicarte mucho, esta herramienta no es imprescindible.

¿Y DESPUÉS? Las restricciones por la pandemia nos impiden organizar un estreno presencial. En lugar de eso, publicaremos las obras seleccionadas (siempre que sus autores lo deseen) en una muestra virtual que estará disponible durante varios días.

Ahora que lo sabes (casi) todo del taller, ¡coge tu cámara, afina la mirada y hazte cineasta!   INSCRÍBETE AQUÍ

Diagnóstico sobre la situación de la población LGTBI+ y la convivencia con la diversidad sexual, familiar y de géneros en la ciudad y provincia de Toledo

Pese a considerables avances, las personas Lesbianas, Gais, Bisexuales y Trans (LGBT) siguen siendo objeto de invisibilización, discriminación o violencia por razón de su orientación sexual y/o identidad de género. Superar la opresión es una responsabilidad ciudadana compartida.

Esta realidad sirve como punto de partida para el estudio de Doctorado en Antropología Social de la Universidad Autónoma de Madrid, llevado a cabo por el experto Maurizio Montipó Spagnoli, con la dirección científica de Carlos Giménez a lo largo de 2021 en la provincia y ciudad de Toledo (especialmente el barrio del Polígono). Colaboran IntermediAcción, CCOO de Castilla-La Mancha y tres asociaciones de personas LGBT del territorio: Asociación Bolo-Bolo, Fundación Triángulo y Stonewall Toledo.

Su objetivo es generar conocimiento compartido sobre la situación de convivencia que experimentan las personas LGBT y una visión consensuada de barrio y ciudad abiertos a la diversidad sexual, familiar y de géneros (diversidad), basada en medidas y actuaciones institucionales y sociales que garanticen la visibilidad, libertad de expresión, seguridad e igualdad de las personas LGBT.

El estudio se realiza con una perspectiva inclusiva e interseccional y promueve la participación de la entera gama de identidades y grupos LGBT, particularmente aquellos que, por razón de otras características sociales (diversidad funcional, diversidad cultural, étnica o migratoria, edad o condición de salud) puedan ser más vulnerables a la discriminación, exclusión o invisibilidad.

El diagnóstico se basa en encuestas, entrevistas individuales y grupos de discusión tanto con personas LGBT como con instituciones, profesionales y entidades ciudadanas implicadas en el proceso comunitario del Polígono. Culminará con un informe público que servirá para constituir una Mesa de Diálogo sobre barrio y ciudad abiertos a la diversidad. Esa Mesa organizará acciones de sensibilización y diálogo con la ciudadanía y formulará recomendaciones sobre medidas para un plan municipal de diversidad y para la incorporación una perspectiva de diversidad sexual, familiar y de géneros en los procesos comunitarios en marcha en el territorio.

¿Te gustaría participar?

Para ello debes completar este breve cuestionario que forma parte de un diagnóstico participativo sobre entornos urbanos y rurales abiertos a la diversidad sexual, familiar y de géneros, que se realiza en la ciudad y provincia de Toledo. El cuestionario es completamente anónimo y no tardarás más de 45-60 minutos en responderlo.

Está destinado a personas que viven en la ciudad y provincia de Toledo y que se identifican como lesbianas, gais, bisexuales, trans, intersex u otras opciones sexuales y de género minoritarias (a estas otras opciones se refiere el signo «+» que aparece tras las siglas LGTBI).

¡Anímate a colaborar con este estudio que pretende contribuir a la construcción de una ciudad más respetuosa con la diversidad sexual, familiar y de géneros!

Pulsa AQUÍ para acceder al cuestionario.

Si quieres participar en la investigación y formar parte del estudio de una manera más implicada, también puedes hacerlo a través de la información que contiene la siguiente hoja

Descarga

Hoja de información para participantes en la investigación

De ciencia y ficción: autoritarismo en la era virtual

Allá por 1985, Orson Scott Card publica El juego de Ender, novela que ganó los premios más importantes del género de ciencia ficción. Planteó ya entonces un escenario que contenía claves proféticas, el de lo virtual como campo de poder político, absolutamente decisorio del rumbo de la sociedad humana imaginada.

En un contexto lejano a la guerra con los insectores, el uso de las redes sociales empieza a vislumbrarse en su dimensión política y social en hechos impactantes como la “primavera árabe” (2010-2012) o el 15-M (2011) en España. Seguidamente, el alarmante, aunque poco esclarecido y menos regulado, uso y abuso de las redes sociales en campañas políticas como las de Donald Trump y, coincidentemente, otros grupos de extrema derecha con escaso o nulo programa político (complete según corresponda). De la mano, estrategias de marketing, como las curiosas innovaciones de Google (que solemos percatarnos cuando prestamos algo de atención tras una búsqueda cualquiera), el GPS y otras advertencias que varios activistas informáticos vienen realizando.

Pero en general el uso cotidiano de las redes sociales, los influencers, los comentarios de los seguidores y los hilos de Twitter se nos antojan más caprichosos, torpes y sobre todo, cuando queremos ver algo político allí, encontramos ecos, amplificaciones, de argumentos no solo vacíos sino autoritarios y polarizados. Y en el mejor de los casos, podremos encontrarnos algunos otros, reflexivos o constructivos, no obstante acotados a burbujas de afinidad a las que buenamente optamos por pertenecer.

Señalando con el dedo (in)moral y acusatorio, reeditamos prácticas inquisitoriales desde burbujas de poder parcializadas. Pero no por ello menos efectivas a la hora de levantar barreras segregatorias entre nosotros y ellos, y reproducir una forma argumental de suma cero. Argumentamos, si cabe, apuntando a matar. A matar la palabra y a quien la pronuncia (o creemos que la pronuncia). Y eso no solo desde posturas de extrema derecha sino también desde el más estrecho compromiso moral de posturas progresistas o justas causas.

El escenario cotidiano del uso de las redes sociales (por no ampliar más la mirada) se torna un objeto de tecnología de poder (difícil escapar a Foucault en este campo) que aparenta ser poca cosa para tomarlo muy en serio y se cuela en forma de mera opinión en los espacios de ocio, de trabajo, de grupos o con vínculos estrechos o débiles, como familiares o ex compañeros de colegio, que tantas sorpresas nos deparan al comenzar a ver algunas publicaciones y comentarios.

Con una tendencia creciente a ser transgeneracional, transnacional y varias adjetivaciones más, este uso cotidiano y constante de las redes sociales reclama un lugar en la construcción de legitimidades y discursos (y por tanto un rol político) que anticipa un modo de participación política y ciudadana, con sus estrecheces y con sus potencialidades. Si sus alcances, condicionantes o factores, son contextuales (no siempre podemos vivir un escenario como el del 15M), hay un estilo y un modo de comunicación que hace pensar en lo que Marcia Tiburi (Akal, 2019) entiende como una tecnología de poder construida en torno al autoritarismo de la vida cotidiana, en su caso en Brasil, pero no sólo.

De su provocadora pregunta Cómo conversar con un fascista, abre varias rutas de pensamiento para interpelarnos por qué (más que cómo) deberíamos continuar conversando ante un ambiente político signado por el autoritarismo. Pero también insta a preguntarnos cómo hablamos de cara a una matriz autoritaria, de la que difícilmente sabemos escapar, agregaría con licencia propia. Aún pendiente de conjuro y deconstrucción, el autoritarismo en nuestro modo de vida y de ser, muestra su férrea, plástica y global vitalidad.

Tiburi también habla de psico-política porque en la base subjetiva del autoritarismo, promovido y cultivado por medios de comunicación y desde el propio aparato de gobierno, yace la pulsión de muerte, la aniquilación del otro; en frente y en tensión, la pulsión de vida, la misma que hace del otro una necesidad y una apertura al mundo, al diálogo.

Somos testigos de una reedición del fascismo como clave y como fantasma de nuestra época, para entenderla y para entendernos. Pero también una búsqueda que vuelve sobre sus pasos, tras el letargo neoliberal que dejó de lado grandes matrices, de pensamiento y de análisis, de afinidad pasmosa entre sí, que imaginó personas y sociedades sin clases, sin racismo, sin historia, sin relaciones de poder.

Mientras, seguimos generando opiniones como balas destinadas a aniquilar al oponente y quedarnos frescos y redondos, sintiéndonos los protagonistas de un cuento con hilos de hace siglos tejidos. Entre tanto, resulta válido preguntarse ¿qué elementos están operando en esa tecnología del poder y cómo podemos producir alternativas?

Texto de Georgina Granero.

Primeras Jornadas Formativas y de Intercambio de Experiencias en el ámbito de la Salud Comunitaria

¿Qué ocurre cuando nos reunimos para compartir y construir saberes y experiencias sobre Salud Comunitaria? Entre los días 14 y 15 de septiembre hicimos este experimento, dándonos cita distintos profesionales de diferentes ámbitos en las Primeras Jornadas Formativas y de Intercambio de Experiencias en el ámbito de la Salud Comunitaria realizadas en Hellín (Albacete).
¿El resultado? La creación de espacios reflexivos sobre el concepto de Salud Comunitaria que, necesariamente, debe ser planteada desde la interculturalidad y entendida como un derecho vinculado a una perspectiva comunitaria amplia.
Los saberes generados durante las jornadas nos parecen fundamentales para seguir implementando de forma efectiva la Salud Integral en diversos lugares. Con la idea de seguir compartiendo esos saberes, hemos subido los coloquios a nuestro canal de YouTube: ACCEDE AQUÍ.

Los procesos comunitarios, herramientas inclusivas y cohesionadoras fundamentales en tiempos de crisis

Los momentos de crisis a lo largo de la historia han servido para repensar y redefinir los modelos sociales existentes. En el que nos encontramos ahora no iba a ser una excepción, aún más teniendo en cuenta todas las capacidades, instrumentos y herramientas analíticas de las que dispone la sociedad actual. Como marco general, podemos empezar diciendo que en el contexto actual el papel que están teniendo las redes sociales y las opciones telefónicas y/o virtuales que nos permiten seguir trabajando a distancia, están siendo determinantes para afrontarlo. Además, la creatividad y flexibilidad en las respuestas debe considerarse otra forma también contagiosa de impulsar procesos colectivos diversos que permiten proporcionar un bienestar impensable en otras etapas históricas de nuestras sociedades occidentales. Pero a la vez, también nos plantean otro reto más con aquellos colectivos en donde la brecha digital o el acceso a internet se encuentra muy limitado. Es decir, parece estar generándose un nuevo contexto de relación predominante en donde ciertos colectivos también lo tienen difícil para adentrarse.

Por otra parte, la trascendencia del Coronavirus, aunque afecta prioritariamente al ámbito sanitario, es un fenómeno que pone en juego muchos aspectos de la vida social, económica, política e incluso de nuestra percepción del mundo. Un problema que se genera en el ámbito global debe buscar soluciones en lo local, en las consecuencias que el mismo tiene en la vida de las personas.

Y esto nos hace ver que no todo el mundo tiene las mismas condiciones para afrontarlas; algunas por ser víctimas de despidos por parte de sus empresas, otras por sus propias condiciones habitacionales (no es lo mismo afrontar esta crisis en un chalet con jardín que en un piso de 60 metros cuadrados donde conviven 5 o 6 personas); otras por perder los recursos de apoyo que les permitían que sus hijos siguieran las tareas escolares al mismo nivel que el resto o por no tener los medios tecnológicos o de conectividad necesarios para ello en sus hogares; otras por perder el acceso a la alimentación que les facilitaba el comedor escolar, teniendo que sustituirlo por ayudas a la alimentación a todas luces insuficientes en algunas comunidades autónomas, etc. Esto es, cuestiones que desvelan las situaciones de desigualdad que ya existían de antes y que ahora se ponen en evidencia de manera más palpable, especialmente en ciertos contextos de vulnerabilidad.

La escasez de experiencias previas ante una catástrofe de esta magnitud, implica un necesario aprendizaje político sobre la marcha, que permita ir dimensionando el problema y tomando decisiones difíciles pero necesarias. La escasez de recursos humanos y materiales para afrontarlo generan mucha incertidumbre y preocupación en la población. El papel de los diferentes canales y medios de comunicación, fundamentales en un momento como este, tienen un reto de transparencia y fiabilidad de gran complejidad. Finalmente, el reflejo de todo ello en la vida puertas adentro de la ciudadanía, inquieta por lo que pueda durar y qué consecuencias pueda traer, y muy consciente de sus limitaciones y posibilidades para afrontar esta situación, son cuatro cuestiones que nos hacen pensar en la importancia de un abordaje comunitario de los problemas.

Contando con esta limitación y a la vez oportunidad si se cuenta con medidas compensatorias, vamos a intentar sacar algunas conclusiones comunes extraídas de la experiencia evaluada de diferentes procesos comunitarios que se llevan a cabo en nuestro país desde hace años, en el que como profesionales y entidades nos encontramos directamente implicadas/os y que nos ponen encima de la mesa una estrategia comunitaria que puede ser fundamental para esta situación actual y también para otras posibles similares en el futuro:

1 – Los procesos comunitarios permiten que los territorios cuenten con una organización propia para afrontar cualquier reto que surja en sus comunidades. Entre las posibilidades que pueden irrumpir en ellas, para las que se pueden generar protocolos y/o mecanismos de organización como respuesta anticipatoria, podría encontrarse una crisis sanitaria como ésta. Lo que este momento que vivimos nos expresa, es la necesidad de previsión en los territorios de la posibilidad de que se produzca una situación así. Hacerlo supondría en este contexto, no únicamente un mejor aprovechamiento de los recursos existentes, generales y específicos, que operan para superar o paliar sus efectos, sino también salvar vidas.

Lo comunitario no sería fundamental en estos momentos si entendemos por ello actividades listas para consumir por parte de un barrio o una ciudad (al contrario, podría ser considerado como algo a suspender o peligroso por posibles contagios). Tampoco lo es si pensamos que su principal enfoque está en lo preventivo o promocional, en el antes de. En cambio, si atendemos a su fuerte dimensión organizativa y relacional, la organización comunitaria se convierte en una estrategia clave para afrontar y salir de cualquier crisis y reforzar a los territorios en generar para el futuro medidas anticipadoras consensuadas (que además cuenten con una experiencia y respuesta propias adaptadas a las características de cada lugar). Los espacios de relación, tanto técnicos como ciudadanos, en un momento de la historia como este en donde contamos con lo virtual como soporte básico de intervención, están ayudando mucho a definir estrategias comunes, identificar y compartir los recursos disponibles. La efectividad de las respuestas en gran medida depende de su articulación. En una situación sobrevenida como esta, más aún teniendo en cuenta las medidas tomadas por el gobierno en cuanto al confinamiento y la distancia obligatoria, la eficacia dependerá en gran parte de las relaciones previas existentes a través de las cuales las estrategias actuales se enriquecen o empobrecen. Pero además de lo que ocurre hoy, muchos procesos comunitarios se están preparando para la crisis social y económica que tendremos que afrontar cuando la sanitaria afloje. Se está haciendo desde sus mesas o grupos de empleo, de educación o vivienda, partiendo de todo lo que las diferentes entidades y recursos, vecindad e instituciones están viendo y detectando, empleando esa inteligencia colectiva que nos permite llegar en común hasta donde solos no podemos.

2 – Esto viene a avalar una de las conclusiones fundamentales de las evaluaciones comunitarias llevadas a cabo en muchos de estos procesos: la mejora de la información para la intervención y el aumento de la capacidad del territorio para mejorar su propia realidad. Además, una vez que el territorio se ha dotado de nuevos mecanismos metodológicos de construcción de conocimiento compartido, se genera la posibilidad de ir mejorando y actualizando sus herramientas e instrumentos. Esto, muy unido a la capacitación técnica en elaboración de diagnósticos compartidos, puede ser muy efectivo para ajustar en tiempos de crisis la realidad a la puesta en marcha de recursos, servicios o iniciativas ciudadanas colaborativas.

Los equipos comunitarios en el desarrollo de esta crisis están teniendo un papel fundamental en la canalización y conexión de iniciativas, así como en asegurar que la información relevante para cada territorio y comunidad llega a todos sus miembros. En muchos casos, los procesos están sirviendo para ajustar mejor necesidad/iniciativa y conectar lo que se está haciendo en los barrios y ciudades, evitando duplicidades en tareas que pueden ser o no oportunas. Las iniciativas ciudadanas espontáneas, como estamos viendo, pueden ser claves para satisfacer demandas concretas que además pueden llegar a salvar vidas (confección de materiales de protección, identificación y apoyo a personas mayores, redes de apoyo mutuo, traducción y adaptación de materiales educativos sanitarios, etc.). Por lo tanto, una conclusión importante que el momento está aportado los procesos comunitarios es la necesidad de reforzar el papel que la ciudadanía tiene en los territorios en tiempos normalizados, mejorando el concepto de democracia participativa y profundizando más en todo lo que la vecindad puede aportar en las comunidades.

3 – Otro de los principales logros conseguidos en los procesos y que se están poniendo a prueba en este contexto es la mejora de la capacidad inclusiva del territorio. En la medida en que hayamos sido capaces de visualizar, reconocer e incorporar a los procesos todas las realidades existentes en nuestros territorios a lo largo del tiempo, se lograrán proporcionalmente su inclusión en los procesos cumpliendo un papel activo. Y en esta crisis sanitaria, contar con todas estas realidades y poder llegar a ellas sin obstáculos o barreras iniciales que vencer es fundamental. El efecto que esto puede tener para evitar brotes xenófobos es difícil de medir, y en este sentido se continúa trabajando con sumo cuidado para que nuestro imaginario colectivo se construya en estos momentos de forma incluyente. Así, estamos evitando dejarnos en el margen realidades vulnerables y poco conocidas para la mayoría. Sí es importante decir según las relaciones que estamos estableciendo, que muchos colectivos vulnerables no disponen de datos suficientes ni para descargarse imágenes o vídeos, y si no disponemos de equipos o medidas para realizar un seguimiento, están quedando fuera del sistema de información y difusión. En este sentido, los procesos se han dotado de registros comunes de trabajo entre recursos, elaboración de diagnósticos previos rápidos de necesidades en estas comunidades (cuyos contactos son posibles por los vínculos anteriores establecidos con el proceso) y están intentando poner en marcha otras medidas compensatorias que ubiquen a todas las personas y colectivos en igualdad de posiciones, al menos en el manejo de información relevante. En este sentido, se están llevado a cabo iniciativas ya existentes con anterioridad y adaptadas para mantener refuerzos educativos en estrecha colaboración con los centros educativos y las AMPAS, se está sirviendo de agentes canalizador de información, se está asesorando en cómo atender a la diversidad en estos momentos desde una perspectiva de salud, se están empleando las mesas y los espacios generados en salud comunitaria para la toma de decisiones, etc.

4 – El trabajo desarrollado para potenciar un sentido de pertenencia común en todos nuestros barrios y localidades está cumpliendo hoy un papel importante en esta crisis: por un lado, porque contribuye a la identificación comunitaria con un objetivo común. No sólo el miedo al contagio actúa para que las personas se queden en casa, también que nos sintamos parte activa de la solución, preocupándose y cuidando del vecino/a, trasladando necesidades a los recursos, construyendo redes de apoyo vecinal…

Si además nuestro barrio, pueblo o ciudad, cuenta con una pertenencia en positivo, implicada y propositiva, esto es mucho más fácil. En este sentido, desde los procesos se han lanzado mensajes de ánimo, campañas de refuerzo de estos sentimientos que atienden a toda la diversidad existente, y la respuesta ha sido inmensa, y sin duda estos días está brotando mucho esta narrativa común que nos permite sentir orgullo de la movilización de nuestras comunidades en un fin común.

5 – En cambio, si bien observamos todas estas aportaciones para ahora y el futuro de los procesos, también se han detectado cuestiones a mejorar: la rivalidad o competencia entre agentes y recursos, la búsqueda de protagonismos en un momento con un peso simbólico tan importante para las comunidades, se ha acentuado. También se ha reforzado la tendencia a la individualización de la atención, perdiendo en parte la perspectiva que permite a entidades y servicios poner en marcha estrategias de intervención más amplias y consensuadas, que también nos permita contar con todo lo existente para proporcionar mayor calidad y proyección a las respuestas. Pero todo esto lo que nos dice es que aún nos queda mucho trabajo por delante para hacer de estos procesos comunitarios algo sostenible y con verdadero calado. Una vez más, seguimos convencidos de que este es el camino. Ni mejor ni peor que otros, pero al menos igual de necesario si queremos contar con el mayor recurso que poseen nuestros territorios para hacer frente a una crisis: su comunidad.

6 – Y el reto en los próximos meses será ajustar la dinámica de los procesos comunitarios activos a la nueva configuración socio-territorial en cada lugar, porque muchas cosas habrán cambiado y será el momento de observar su capacidad de adaptación a realidades sensiblemente diferentes, sin perder sus identificadores, sus componentes, sus instrumentos y métodos, su necesidad de seguir registrando sus avances, descubrimientos y logros para favorecer la más que necesaria transferencia a territorios más o menos próximos, su potencial para incorporar a más y hasta nuevos actores que no han participado con anterioridad, etc. También será un mayúsculo desafío demostrar que la clave de proceso es fundamental y que determinadas soluciones requerirán sus propios tiempos; periodos inciertos en los que la organización de la comunidad será clave para vertebrar las respuestas que vengan desde las instituciones y sus ámbitos de servicios sociales, salud, educación, empleo… con las que se impulsen desde otros agentes protagonistas de la comunidad (recursos, entidades ciudadanas, grupos informales…), sumando a nuevos actores clave como el empresarial también disminuido por la coyuntura de crisis. Etapas en las que cualquier incidencia puede producir nuevas incertidumbres y hasta conflictos en los que habrá que intervenir y mediar, para canalizar la frustración y energía existente hacia la resolución de las situaciones más complejas. El reto será demostrar que realmente los procesos comunitarios pueden ser parte fundamental y contribuir a la construcción de soluciones colectivas, particularmente en el marco de una sociedad poco acostumbrada ya a pensar conjuntamente y actuar de manera colaborativa.

7 – Y como pieza clave de este nuevo tiempo, los equipos comunitarios serán esenciales para visibilizar la bondad y utilidad de los procesos y orientarlos hacia los aspectos críticos en cada lugar, sin perder su fundamental función de catalizadores de las fórmulas organizativas que atiendan la renovada complejidad que ya se está conformando en relación con la diversa incidencia de la crisis en cada territorio. Ante la tentación de que se puedan sumar más efectivos a los recursos sectoriales ya existentes, particularmente en aquellos ámbitos con más carencias, es el momento de enfatizar la imperiosa necesidad de contar con profesionales inespecíficos que aborden sobre todo aspectos de las dimensiones relacionales y organizativas antes citadas, también expertos/as en la identificación de ámbitos de potencial generación de conflictos para reconvertirlos en esferas de oportunidad ante la adversidad. Y en perspectiva intercultural, que profundicen en el trabajo comunitario para visibilizar las ventajas de la diversidad en una coyuntura en la que pueden aflorar determinados intereses para que sea valorada como un lastre para la mejora colectiva. En este sentido, cabe resaltar la capacidad de resiliencia y la experiencia que pueden aportar ahora muchas personas, familias y grupos humanos que han atravesado situaciones críticas antes de sumarse a sus nuevos lugares de acogida.

Aunque en ocasiones la intervención comunitaria puede parecer intangible, inmensurable o de más larga trayectoria, es una dimensión fundamental en la construcción de la sociedad. Lo vemos en todas las iniciativas individuales y colectivas que han ido surgiendo de forma altruista desde que comenzó esta crisis. Si además, desde los territorios aportamos el método, los espacios de relación, el apoyo mutuo, la gestión de la información, el conocimiento compartido, la mediación en conflictos, etc. la potencia de lo comunitario es enorme.

A lo largo de esta crisis hemos escuchado mucho hablar de comunidad y de la necesidad de recuperar esta dimensión en todos los ámbitos. Y es cierto. Hay que recuperar esta estrategia ahora más que nunca. Pero como profesionales creemos que esto no puede dejarse a expensas de buenas voluntades de personas, colectivos, entidades o profesionales. Consideramos que tiene el suficiente peso y trascendencia como para ser asumido por nuestras administraciones y organizaciones públicas como forma de organizar y dar sentido territorial a los recursos existentes; profesionalizar y poner en valor este trabajo que requiere de formación, experiencia y sobre todo método. Asumir de forma responsable que es bien cierto el lema adoptado de #EsteVirusloParamosEntreTodos, pero sin procesos comunitarios sostenibles en el tiempo, y sin equipos profesionales liberados que se ocupen de garantizar la participación en ellos de todas/os en igualdad de condiciones, los retos que sobrevienen y golpean a nuestros territorios son mucho más difíciles de afrontar.

Por eso creemos que es indispensable reforzar nuestro sistema inmunológico contra este y cualquier otro virus o agente perturbador de nuestro bienestar común. Y hay que hacerlo con cabeza y con corazón, permitiendo que el latido comunitario alcance a regar cada una de nuestras vulnerabilidades y fortalezas.

Personas que han participado en la elaboración del artículo y miembros de la Red de profesionales y entidades de intervención comunitaria:

Isabel Ralero (IntermediAcción), Almudena López (CEAR), Irene Gil (CEAR), Antonio Gala (Asociación La Rueca), Susana Camacho (Accem y Fundación Secretariado Gitano), Manuel Basagoiti (Educación, Cultura y Solidaridad) Mario Aragón (Asociación La Rueca), Alexis Mesa (Fundación General de la Universidad de La Laguna), Vicente Manuel Zapata (Universidad de La Laguna).

Publicado originalmente en: documentasocial.es

Promover el desarrollo comunitario como agente de salud

Desde la Mesa de Salud de los Barrios Calvario y Ribera, formada por diferentes asociaciones, instituciones y recursos presentes en dichos barrios y que parte de Proceso Comunitario “Yo soy Calvario, Yo soy Ribera”, surge la idea de realizar estas Primeras Jornadas Formativas y de Intercambio de Experiencias en el ámbito de la Salud Comunitaria, poniendo el foco en la comunidad como un promotor de salud.

El objetivo es acercar esta formación a la población, dando especial importancia a la participación activa y la colaboración de las asociaciones de pacientes, colectivos sociales y otras entidades de la comunidad implicadas en el cuidado de la salud. Serán dos días en los que compartiremos tanto iniciativas como experiencias en torno a la Salud Comunitaria.

PULSA AQUÍ para conocer la información completa de las jornadas.

Ocuparse de la ocupación

En los últimos días, hemos asistido a un importante tratamiento mediático del fenómeno de la ocupación[1] en diversos puntos del territorio castellano-manchego. Son varias las notas periodísticas y espacios radiofónicos en medios locales y regionales que se han hecho creciente eco de este fenómeno, ofreciendo diferentes énfasis y tonos. La atención prestada en el contexto actual, marcado por los efectos de la pandemia y el despunte de una nueva crisis, nos invita a revisar las formas en que estamos pensando y actuando no solo la ocupación como tal, sino también nuestras comunidades vecinales, barriales o locales, desde el ámbito cotidiano hasta el institucional.

En tal sentido IntermediAcción, como Asociación por la Mediación Social e Intercultural, con trayectoria de años de trabajo en intervención comunitaria en diversos territorios y en particular en comunidades de vecinos de promociones de vivienda pública en la ciudad de Toledo, queremos ofrecer nuestra mirada como posible aporte a esta reflexión y en pos de la construcción de respuestas sostenibles, corresponsables y comunitarias. Lo hacemos desde la conexión entre teoría y praxis, puesto que nuestra intervención pretende combinar muy estrechamente el rigor científico en las metodologías empleadas, la construcción participada de los diagnósticos y las acciones colectivas y acordadas entre todos los agentes implicados. 

Desde esta combinación de elementos a tener en cuenta, difícilmente podremos comprender (y por tanto actuar sobre) el fenómeno de la ocupación si lo definimos como un mero acto individual, incluso cuando éste pueda estar asociado a la ilegalidad y demande una actuación a este nivel. Es decir, sin ahondar en las dimensiones sociales, signadas por la vulnerabilidad y riesgo de exclusión, y sobre todo políticas, en términos de políticas públicas y de las fuerzas del mercado inmobiliario que han incidido directamente en éstas, en particular desde la crisis vivida en 2008. En definitiva, dimensiones estructurales e históricas que explican el problema del acceso a la vivienda como principal nudo problemático que, como otros, se ha visto recrudecido en “tiempos de pandemia”. Que esto salga a la luz de forma tan clara ahora precisamente también nos sugiere la necesidad de atender a algunos ingredientes clave: la situación de excepcionalidad como generadora de nuevas indefiniciones que permiten que se desarrollen estrategias no normalizadas de acceso a la vivienda, así como la fragmentación o la falta de continuidad en el tiempo de los acompañamientos a determinados contextos de especial vulnerabilidad.  Es algo que hemos aprendido con esta crisis: lo que no funcionaba antes, ha funcionado peor, puesto que las causas se han agravado. La ocupación no ha surgido de la pandemia, pero se agudizado porque los factores de desigualdad de los que bebe su sistema, se han agrandado. Como ha pasado con otras muchas cosas, como la brecha digital y la fuerte desigualdad educativa.

Así, en materia de vivienda persiste antes y durante la pandemia un parque público escaso, que no llega a cubrir las demandas existentes, con procesos de adjudicación ralentizados, así como también numerosas construcciones sin finalizar y viviendas vacías en manos de bancos y fondos buitres, tras la explosión de la llamada “burbuja inmobiliaria”. Edificaciones que configuran gran parte del paisaje rural y urbano en Castilla-La Mancha y que son escenario de la mayor parte de las ocupaciones desde entonces.

Paralelamente, las barreras de acceso a la vivienda en el llamado “mercado libre” son claras para quienes se disponen a alquilar: no solo por el porcentaje que el precio del alquiler supone a nivel (en torno al 40%) de la o las nóminas aportadas, sino también la antigüedad del contrato e, incluso, si éste es indefinido. Si “del otro lado”, el propietario teme el impago, en la brecha se encuentran los seguros, que establecen sus propias medidas para determinar solvencia.

Sin entrar en aspectos normativos, la ocupación como fenómeno es síntoma y consecuencia de un proceso de desregulación y de especulación del mercado de vivienda que, como otros casos, antepone la mercancía a los derechos; en este caso, el de acceso a la vivienda digna.

Por lo que, definir la ocupación como un fenómeno complejo implica reconocer las causas estructurales e históricas, interconectadas, que se conjugan con las diferentes situaciones que coexisten en cada localidad o comunidad de vecinos: situaciones de vulnerabilidad y riesgo de exclusión, sensación de alarma e inseguridad permanente que afecta la calidad de vida de residentes, así como también presencia de hechos delictivos y de una actividad delictiva transversal, que genera lucro a partir del problema de acceso a la vivienda.

Ciertamente, los hechos delictivos ponen en jaque la convivencia y la calidad de vida de residentes en general, más allá de su situación regular o irregular, de pago o impago. Y precisan una actuación particular e individualizada a tal nivel, sin que ello implique desconocer otras situaciones y otras formas de intervenir en éstas. Las generalizaciones por lo tanto y esa tendencia a “meterlo todo en el mismo saco”, poco ayuda a un tratamiento correcto y efectivo con el que comenzar a proyectar respuestas.

A lo largo de nuestra experiencia en concreto como promotores de convivencia vecinal y comunitaria hemos concluido lo importante que es diferenciar el delito de situaciones de vulnerabilidad y de la convivencia. Porque en muchos casos se construyen discursos que conectan peligrosamente “personas sin recursos” con “problemas de convivencia”, cuando sabemos a ciencia cierta que no es posible establecer este tipo de correlación, y mucho menos conectarlo con delincuencia.

En tal sentido, la generación de categorizaciones es un modo de decir y una operación discursiva muy extendido y presente en la forma en que pensamos los desafíos de nuestro tiempo. Nombrar no es algo simple. Así, hablar de personas en situación de calle o en situación de ocupación, no es un mero giro discursivo “políticamente correcto”, hay una intención de desligar y preservar el carácter de persona, preexistente, y los derechos inalienables asociados, de la situación por la que atraviesa. Con ello, el énfasis está en el abordaje de tal situación y, en todo caso, en cómo afecta a quien la vive. Apelar a un trato responsable de la información, es también ser conscientes de que generar categorizaciones, por lo demás, enriquecidas con asociaciones o connotaciones negativas tales como “delincuencia” o “problemas de convivencia”, genera un discurso que, al reproducirse, produce brechas. Es un “dispositivo” potente porque predispone una emoción, una actitud, un razonamiento y una conclusión anticipados, que puede impedirnos ir más lejos que la reacción que nos provoca las asociaciones hechas.

El riesgo de no discernir y crear “chivos expiatorios”, destinatarios de frustraciones y de discursos de odio, es cegarnos ante las posibilidades de corresponder como sociedad democrática. Ante situaciones de crispación social, el riesgo es mayor, pudiendo preparar el terreno para graves vulneraciones de derechos y nuevas dinámicas de exclusión.

Por ello apelamos a la necesidad de actuar en cada ámbito definiendo y delimitando bien cada concepto en juego, entendiendo que problemas de convivencia existen en cualquier lugar donde diferentes personas y familias comparten espacios comunes de relación, sin que de ello se puedan desprender factores de mayor vulnerabilidad que se relacionen con escasez de recursos económicos o delincuencia.

Partir de ello, sin dar nada por hecho, permite actuar en concordancia a un enfoque de derechos que garantice y preserve el bienestar individual, familiar y comunitario. Pero también en tanto se quiera avanzar en una respuesta efectiva, ya que los hechos delictivos y su tratamiento, como las situaciones de riesgo que provocan, son un límite para el desarrollo comunitario, social y personal, como también para las intervenciones que quieran hacerse desde tal marco.

Por su parte, promover la convivencia tiene una estrecha relación con la calidad de vida y las posibilidades de mejora en todos los niveles: individual, familiar, vecinal e incluso barrial o local. Un enfoque comunitario es una estrategia preventiva que procura evitar niveles de conflictividad que afecten dicha calidad de vida, a la vez que promocional, en tanto aboga por generar una retroalimentación positiva que incide en el cuidado de lo común y del bienestar individual, familiar y vecinal. Convivir es romper brechas y cuidar las relaciones que generamos. Para ello es fundamental contar con todos y todas, como vecinos y vecinas que somos en cualquier lugar que habitemos, así como también, con técnicos y profesionales y con instituciones y responsables políticos.

En tal sentido, toda actuación emprendida, sea institucional, periodística o desde el uso de las redes sociales, conlleva responsabilidad, ya que contribuye a alimentar discursos que tienen la capacidad de obturar o, por el contrario, de habilitar los caminos a seguir y la propia convivencia que queremos darnos. En este sentido, apelamos a la responsabilidad que todas y todos tenemos para que se haga un tratamiento correcto de los retos que supone la aplicación de un enfoque de derechos y deberes, en donde las diferentes oportunidades y necesidades se contextualicen debidamente dentro de la estructura de desigualdad en la que la vivienda, como otros tantos ámbitos fundamentales para las personas, participa.

De más está decir que, ante un problema complejo, no existen soluciones unívocas ni unilaterales. Tampoco hay fórmulas mágicas en esto. De allí que sea necesario un enfoque integral que pondere las actuaciones a realizar en distinto nivel y en función de su impacto y sostenibilidad, de lo individual y familiar a lo comunitario, barrial, local y regional y viceversa. El acuerdo y la búsqueda de caminos bien fundamentados y guiados hacia soluciones compartidas y acordadas parece no una fórmula de éxito asegurado, pero sí una opción deseable y coherente con nuestras sociedades democráticas.

Un enfoque integral y garante de derechos no debe ser leído como la resignación de unos por otros, sino desde la consciencia de la necesidad de unos y otros. Si la pandemia ha dejado un legado es esa urgente necesidad de cambiar el paradigma individualista y apostar por lo común; la necesidad del otro y de lo otro como base y pilar de lo público.

Como señala Marcia Tiburi, el diálogo es la herramienta que desde lo micro podemos enarbolar y ejercer para abrir esos otros caminos que nos permitan construir colectiva y comunitariamente sociedades y mundos en los que sea posible cohabitar y convivir. Desde IntermediAcción nos sentimos apelados en esta llamada constructiva que nos invita a asumir un enfoque integral, contextualizado, no sesgado, comprometido y cuidador. Una mirada común y responsable que nos permita verdaderamente pasar de la preocupación o la alarma social a ocuparnos de la ocupación.

Imagen: acuarela de Kalina Toneva

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[1] Es necesario distinguir ocupación, como el hecho de la ocupación de forma irregular de una vivienda, pública o privada, de okupación, como movimiento político reivindicativo, presente en España en la década de 1980 (por ejemplo, consultar Martínez López, 2007). Sus causas, orígenes y situaciones son diferentes y deben ser diferenciados, dado que su asociación, además de inducir a error, puede provocar efectos tales como la invisibilización del carácter político y activista del segundo y, de igual forma que sucede con el tratamiento de la ocupación en términos generales, su criminalización sin más.

Una apuesta por el bien común tobarreño

“Yo soy Tobarra” es el lema con el que arranca en dicha localidad de Albacete el Proyecto de Intervención Comunitaria para el Fomento de la Convivencia Ciudadana Intercultural, un proceso en pos del desarrollo comunitario y la cohesión social. El proyecto está impulsado por la Consejería De Bienestar Social de Castilla-La Mancha en el marco de la convocatoria de subvenciones para el desarrollo de proyectos de Inclusión Social, con el apoyo del Ayuntamiento y los Servicios Sociales de Tobarra, y desarrollado por la Asociación IntermediAcción.

El proyecto pretende remover los cimientos del imaginario colectivo para promover una cultura abierta al diálogo, la cooperación, la diversidad y la toma de decisiones colectivas en torno a los retos que supone hoy en día vivir en comunidad. Para ello, el proyecto tiene varias fases, siendo la primera de ellas la elaboración entre todas las personas implicadas de un diagnóstico sobre la realidad tobarreña.

Así, si vives o te identificas de alguna forma con Tobarra, aquí tienes un espacio donde compartir inquietudes, ideas, encontrar conexiones y buscar, de forma dialógica y positiva, los caminos del bien común tobarreño.

Para informarte del proyecto y las formas de implicación se ha elaborado una Hoja Informativa que se irá publicando de manera periódica, a cuyo primer número puedes ACCEDER AQUÍ.

También puedes seguirnos en las redes sociales a través de nuestra página de Facebook y en nuestro perfil de Instagram, o contactar directamente con la mediadora comunitaria del proceso en la dirección de correo electrónico: tobarraalbacete@intermediaccion.es

Franciscanos para mí: del recuerdo personal al mapeo colectivo en el barrio de Albacete

El Proyecto de Intervención Comunitaria, Mediadora e Intercultural en el barrio de Franciscanos comenzó hace poco y, en su primera fase, pretende hacer acopio de toda la información posible, objetiva y subjetiva, por parte de los tres protagonistas de la ciudadanía: las personas que habitan el barrio, el personal técnico de los recursos y las administraciones presentes.

De forma objetiva podemos conocer los puntos relevantes a nivel histórico, administrativo, laboral, de salud… pero igualmente importantes son todos esos puntos especiales por representar momentos, historias y sucesos. Por otro lado, el proceso comunitario busca ser participativo durante todo el proyecto, por lo que la actividad está pensada para revalorizar y poner de manifiesto el conocimiento compartido entre todas las personas que tengan un recuerdo que compartir.

#franciscanosparami pretende ser una especie de mapeo de recuerdos que, a su vez, sean accesibles para todas las personas a través de los hashtags. En las siguientes imágenes podrás encontrar tanto la explicación como los pasos para participar.