Primeras Jornadas Formativas y de Intercambio de Experiencias en el ámbito de la Salud Comunitaria

¿Qué ocurre cuando nos reunimos para compartir y construir saberes y experiencias sobre Salud Comunitaria? Entre los días 14 y 15 de septiembre hicimos este experimento, dándonos cita distintos profesionales de diferentes ámbitos en las Primeras Jornadas Formativas y de Intercambio de Experiencias en el ámbito de la Salud Comunitaria realizadas en Hellín (Albacete).
¿El resultado? La creación de espacios reflexivos sobre el concepto de Salud Comunitaria que, necesariamente, debe ser planteada desde la interculturalidad y entendida como un derecho vinculado a una perspectiva comunitaria amplia.
Los saberes generados durante las jornadas nos parecen fundamentales para seguir implementando de forma efectiva la Salud Integral en diversos lugares. Con la idea de seguir compartiendo esos saberes, hemos subido los coloquios a nuestro canal de YouTube: ACCEDE AQUÍ.

Los procesos comunitarios, herramientas inclusivas y cohesionadoras fundamentales en tiempos de crisis

Los momentos de crisis a lo largo de la historia han servido para repensar y redefinir los modelos sociales existentes. En el que nos encontramos ahora no iba a ser una excepción, aún más teniendo en cuenta todas las capacidades, instrumentos y herramientas analíticas de las que dispone la sociedad actual. Como marco general, podemos empezar diciendo que en el contexto actual el papel que están teniendo las redes sociales y las opciones telefónicas y/o virtuales que nos permiten seguir trabajando a distancia, están siendo determinantes para afrontarlo. Además, la creatividad y flexibilidad en las respuestas debe considerarse otra forma también contagiosa de impulsar procesos colectivos diversos que permiten proporcionar un bienestar impensable en otras etapas históricas de nuestras sociedades occidentales. Pero a la vez, también nos plantean otro reto más con aquellos colectivos en donde la brecha digital o el acceso a internet se encuentra muy limitado. Es decir, parece estar generándose un nuevo contexto de relación predominante en donde ciertos colectivos también lo tienen difícil para adentrarse.

Por otra parte, la trascendencia del Coronavirus, aunque afecta prioritariamente al ámbito sanitario, es un fenómeno que pone en juego muchos aspectos de la vida social, económica, política e incluso de nuestra percepción del mundo. Un problema que se genera en el ámbito global debe buscar soluciones en lo local, en las consecuencias que el mismo tiene en la vida de las personas.

Y esto nos hace ver que no todo el mundo tiene las mismas condiciones para afrontarlas; algunas por ser víctimas de despidos por parte de sus empresas, otras por sus propias condiciones habitacionales (no es lo mismo afrontar esta crisis en un chalet con jardín que en un piso de 60 metros cuadrados donde conviven 5 o 6 personas); otras por perder los recursos de apoyo que les permitían que sus hijos siguieran las tareas escolares al mismo nivel que el resto o por no tener los medios tecnológicos o de conectividad necesarios para ello en sus hogares; otras por perder el acceso a la alimentación que les facilitaba el comedor escolar, teniendo que sustituirlo por ayudas a la alimentación a todas luces insuficientes en algunas comunidades autónomas, etc. Esto es, cuestiones que desvelan las situaciones de desigualdad que ya existían de antes y que ahora se ponen en evidencia de manera más palpable, especialmente en ciertos contextos de vulnerabilidad.

La escasez de experiencias previas ante una catástrofe de esta magnitud, implica un necesario aprendizaje político sobre la marcha, que permita ir dimensionando el problema y tomando decisiones difíciles pero necesarias. La escasez de recursos humanos y materiales para afrontarlo generan mucha incertidumbre y preocupación en la población. El papel de los diferentes canales y medios de comunicación, fundamentales en un momento como este, tienen un reto de transparencia y fiabilidad de gran complejidad. Finalmente, el reflejo de todo ello en la vida puertas adentro de la ciudadanía, inquieta por lo que pueda durar y qué consecuencias pueda traer, y muy consciente de sus limitaciones y posibilidades para afrontar esta situación, son cuatro cuestiones que nos hacen pensar en la importancia de un abordaje comunitario de los problemas.

Contando con esta limitación y a la vez oportunidad si se cuenta con medidas compensatorias, vamos a intentar sacar algunas conclusiones comunes extraídas de la experiencia evaluada de diferentes procesos comunitarios que se llevan a cabo en nuestro país desde hace años, en el que como profesionales y entidades nos encontramos directamente implicadas/os y que nos ponen encima de la mesa una estrategia comunitaria que puede ser fundamental para esta situación actual y también para otras posibles similares en el futuro:

1 – Los procesos comunitarios permiten que los territorios cuenten con una organización propia para afrontar cualquier reto que surja en sus comunidades. Entre las posibilidades que pueden irrumpir en ellas, para las que se pueden generar protocolos y/o mecanismos de organización como respuesta anticipatoria, podría encontrarse una crisis sanitaria como ésta. Lo que este momento que vivimos nos expresa, es la necesidad de previsión en los territorios de la posibilidad de que se produzca una situación así. Hacerlo supondría en este contexto, no únicamente un mejor aprovechamiento de los recursos existentes, generales y específicos, que operan para superar o paliar sus efectos, sino también salvar vidas.

Lo comunitario no sería fundamental en estos momentos si entendemos por ello actividades listas para consumir por parte de un barrio o una ciudad (al contrario, podría ser considerado como algo a suspender o peligroso por posibles contagios). Tampoco lo es si pensamos que su principal enfoque está en lo preventivo o promocional, en el antes de. En cambio, si atendemos a su fuerte dimensión organizativa y relacional, la organización comunitaria se convierte en una estrategia clave para afrontar y salir de cualquier crisis y reforzar a los territorios en generar para el futuro medidas anticipadoras consensuadas (que además cuenten con una experiencia y respuesta propias adaptadas a las características de cada lugar). Los espacios de relación, tanto técnicos como ciudadanos, en un momento de la historia como este en donde contamos con lo virtual como soporte básico de intervención, están ayudando mucho a definir estrategias comunes, identificar y compartir los recursos disponibles. La efectividad de las respuestas en gran medida depende de su articulación. En una situación sobrevenida como esta, más aún teniendo en cuenta las medidas tomadas por el gobierno en cuanto al confinamiento y la distancia obligatoria, la eficacia dependerá en gran parte de las relaciones previas existentes a través de las cuales las estrategias actuales se enriquecen o empobrecen. Pero además de lo que ocurre hoy, muchos procesos comunitarios se están preparando para la crisis social y económica que tendremos que afrontar cuando la sanitaria afloje. Se está haciendo desde sus mesas o grupos de empleo, de educación o vivienda, partiendo de todo lo que las diferentes entidades y recursos, vecindad e instituciones están viendo y detectando, empleando esa inteligencia colectiva que nos permite llegar en común hasta donde solos no podemos.

2 – Esto viene a avalar una de las conclusiones fundamentales de las evaluaciones comunitarias llevadas a cabo en muchos de estos procesos: la mejora de la información para la intervención y el aumento de la capacidad del territorio para mejorar su propia realidad. Además, una vez que el territorio se ha dotado de nuevos mecanismos metodológicos de construcción de conocimiento compartido, se genera la posibilidad de ir mejorando y actualizando sus herramientas e instrumentos. Esto, muy unido a la capacitación técnica en elaboración de diagnósticos compartidos, puede ser muy efectivo para ajustar en tiempos de crisis la realidad a la puesta en marcha de recursos, servicios o iniciativas ciudadanas colaborativas.

Los equipos comunitarios en el desarrollo de esta crisis están teniendo un papel fundamental en la canalización y conexión de iniciativas, así como en asegurar que la información relevante para cada territorio y comunidad llega a todos sus miembros. En muchos casos, los procesos están sirviendo para ajustar mejor necesidad/iniciativa y conectar lo que se está haciendo en los barrios y ciudades, evitando duplicidades en tareas que pueden ser o no oportunas. Las iniciativas ciudadanas espontáneas, como estamos viendo, pueden ser claves para satisfacer demandas concretas que además pueden llegar a salvar vidas (confección de materiales de protección, identificación y apoyo a personas mayores, redes de apoyo mutuo, traducción y adaptación de materiales educativos sanitarios, etc.). Por lo tanto, una conclusión importante que el momento está aportado los procesos comunitarios es la necesidad de reforzar el papel que la ciudadanía tiene en los territorios en tiempos normalizados, mejorando el concepto de democracia participativa y profundizando más en todo lo que la vecindad puede aportar en las comunidades.

3 – Otro de los principales logros conseguidos en los procesos y que se están poniendo a prueba en este contexto es la mejora de la capacidad inclusiva del territorio. En la medida en que hayamos sido capaces de visualizar, reconocer e incorporar a los procesos todas las realidades existentes en nuestros territorios a lo largo del tiempo, se lograrán proporcionalmente su inclusión en los procesos cumpliendo un papel activo. Y en esta crisis sanitaria, contar con todas estas realidades y poder llegar a ellas sin obstáculos o barreras iniciales que vencer es fundamental. El efecto que esto puede tener para evitar brotes xenófobos es difícil de medir, y en este sentido se continúa trabajando con sumo cuidado para que nuestro imaginario colectivo se construya en estos momentos de forma incluyente. Así, estamos evitando dejarnos en el margen realidades vulnerables y poco conocidas para la mayoría. Sí es importante decir según las relaciones que estamos estableciendo, que muchos colectivos vulnerables no disponen de datos suficientes ni para descargarse imágenes o vídeos, y si no disponemos de equipos o medidas para realizar un seguimiento, están quedando fuera del sistema de información y difusión. En este sentido, los procesos se han dotado de registros comunes de trabajo entre recursos, elaboración de diagnósticos previos rápidos de necesidades en estas comunidades (cuyos contactos son posibles por los vínculos anteriores establecidos con el proceso) y están intentando poner en marcha otras medidas compensatorias que ubiquen a todas las personas y colectivos en igualdad de posiciones, al menos en el manejo de información relevante. En este sentido, se están llevado a cabo iniciativas ya existentes con anterioridad y adaptadas para mantener refuerzos educativos en estrecha colaboración con los centros educativos y las AMPAS, se está sirviendo de agentes canalizador de información, se está asesorando en cómo atender a la diversidad en estos momentos desde una perspectiva de salud, se están empleando las mesas y los espacios generados en salud comunitaria para la toma de decisiones, etc.

4 – El trabajo desarrollado para potenciar un sentido de pertenencia común en todos nuestros barrios y localidades está cumpliendo hoy un papel importante en esta crisis: por un lado, porque contribuye a la identificación comunitaria con un objetivo común. No sólo el miedo al contagio actúa para que las personas se queden en casa, también que nos sintamos parte activa de la solución, preocupándose y cuidando del vecino/a, trasladando necesidades a los recursos, construyendo redes de apoyo vecinal…

Si además nuestro barrio, pueblo o ciudad, cuenta con una pertenencia en positivo, implicada y propositiva, esto es mucho más fácil. En este sentido, desde los procesos se han lanzado mensajes de ánimo, campañas de refuerzo de estos sentimientos que atienden a toda la diversidad existente, y la respuesta ha sido inmensa, y sin duda estos días está brotando mucho esta narrativa común que nos permite sentir orgullo de la movilización de nuestras comunidades en un fin común.

5 – En cambio, si bien observamos todas estas aportaciones para ahora y el futuro de los procesos, también se han detectado cuestiones a mejorar: la rivalidad o competencia entre agentes y recursos, la búsqueda de protagonismos en un momento con un peso simbólico tan importante para las comunidades, se ha acentuado. También se ha reforzado la tendencia a la individualización de la atención, perdiendo en parte la perspectiva que permite a entidades y servicios poner en marcha estrategias de intervención más amplias y consensuadas, que también nos permita contar con todo lo existente para proporcionar mayor calidad y proyección a las respuestas. Pero todo esto lo que nos dice es que aún nos queda mucho trabajo por delante para hacer de estos procesos comunitarios algo sostenible y con verdadero calado. Una vez más, seguimos convencidos de que este es el camino. Ni mejor ni peor que otros, pero al menos igual de necesario si queremos contar con el mayor recurso que poseen nuestros territorios para hacer frente a una crisis: su comunidad.

6 – Y el reto en los próximos meses será ajustar la dinámica de los procesos comunitarios activos a la nueva configuración socio-territorial en cada lugar, porque muchas cosas habrán cambiado y será el momento de observar su capacidad de adaptación a realidades sensiblemente diferentes, sin perder sus identificadores, sus componentes, sus instrumentos y métodos, su necesidad de seguir registrando sus avances, descubrimientos y logros para favorecer la más que necesaria transferencia a territorios más o menos próximos, su potencial para incorporar a más y hasta nuevos actores que no han participado con anterioridad, etc. También será un mayúsculo desafío demostrar que la clave de proceso es fundamental y que determinadas soluciones requerirán sus propios tiempos; periodos inciertos en los que la organización de la comunidad será clave para vertebrar las respuestas que vengan desde las instituciones y sus ámbitos de servicios sociales, salud, educación, empleo… con las que se impulsen desde otros agentes protagonistas de la comunidad (recursos, entidades ciudadanas, grupos informales…), sumando a nuevos actores clave como el empresarial también disminuido por la coyuntura de crisis. Etapas en las que cualquier incidencia puede producir nuevas incertidumbres y hasta conflictos en los que habrá que intervenir y mediar, para canalizar la frustración y energía existente hacia la resolución de las situaciones más complejas. El reto será demostrar que realmente los procesos comunitarios pueden ser parte fundamental y contribuir a la construcción de soluciones colectivas, particularmente en el marco de una sociedad poco acostumbrada ya a pensar conjuntamente y actuar de manera colaborativa.

7 – Y como pieza clave de este nuevo tiempo, los equipos comunitarios serán esenciales para visibilizar la bondad y utilidad de los procesos y orientarlos hacia los aspectos críticos en cada lugar, sin perder su fundamental función de catalizadores de las fórmulas organizativas que atiendan la renovada complejidad que ya se está conformando en relación con la diversa incidencia de la crisis en cada territorio. Ante la tentación de que se puedan sumar más efectivos a los recursos sectoriales ya existentes, particularmente en aquellos ámbitos con más carencias, es el momento de enfatizar la imperiosa necesidad de contar con profesionales inespecíficos que aborden sobre todo aspectos de las dimensiones relacionales y organizativas antes citadas, también expertos/as en la identificación de ámbitos de potencial generación de conflictos para reconvertirlos en esferas de oportunidad ante la adversidad. Y en perspectiva intercultural, que profundicen en el trabajo comunitario para visibilizar las ventajas de la diversidad en una coyuntura en la que pueden aflorar determinados intereses para que sea valorada como un lastre para la mejora colectiva. En este sentido, cabe resaltar la capacidad de resiliencia y la experiencia que pueden aportar ahora muchas personas, familias y grupos humanos que han atravesado situaciones críticas antes de sumarse a sus nuevos lugares de acogida.

Aunque en ocasiones la intervención comunitaria puede parecer intangible, inmensurable o de más larga trayectoria, es una dimensión fundamental en la construcción de la sociedad. Lo vemos en todas las iniciativas individuales y colectivas que han ido surgiendo de forma altruista desde que comenzó esta crisis. Si además, desde los territorios aportamos el método, los espacios de relación, el apoyo mutuo, la gestión de la información, el conocimiento compartido, la mediación en conflictos, etc. la potencia de lo comunitario es enorme.

A lo largo de esta crisis hemos escuchado mucho hablar de comunidad y de la necesidad de recuperar esta dimensión en todos los ámbitos. Y es cierto. Hay que recuperar esta estrategia ahora más que nunca. Pero como profesionales creemos que esto no puede dejarse a expensas de buenas voluntades de personas, colectivos, entidades o profesionales. Consideramos que tiene el suficiente peso y trascendencia como para ser asumido por nuestras administraciones y organizaciones públicas como forma de organizar y dar sentido territorial a los recursos existentes; profesionalizar y poner en valor este trabajo que requiere de formación, experiencia y sobre todo método. Asumir de forma responsable que es bien cierto el lema adoptado de #EsteVirusloParamosEntreTodos, pero sin procesos comunitarios sostenibles en el tiempo, y sin equipos profesionales liberados que se ocupen de garantizar la participación en ellos de todas/os en igualdad de condiciones, los retos que sobrevienen y golpean a nuestros territorios son mucho más difíciles de afrontar.

Por eso creemos que es indispensable reforzar nuestro sistema inmunológico contra este y cualquier otro virus o agente perturbador de nuestro bienestar común. Y hay que hacerlo con cabeza y con corazón, permitiendo que el latido comunitario alcance a regar cada una de nuestras vulnerabilidades y fortalezas.

Personas que han participado en la elaboración del artículo y miembros de la Red de profesionales y entidades de intervención comunitaria:

Isabel Ralero (IntermediAcción), Almudena López (CEAR), Irene Gil (CEAR), Antonio Gala (Asociación La Rueca), Susana Camacho (Accem y Fundación Secretariado Gitano), Manuel Basagoiti (Educación, Cultura y Solidaridad) Mario Aragón (Asociación La Rueca), Alexis Mesa (Fundación General de la Universidad de La Laguna), Vicente Manuel Zapata (Universidad de La Laguna).

Publicado originalmente en: documentasocial.es

Promover el desarrollo comunitario como agente de salud

Desde la Mesa de Salud de los Barrios Calvario y Ribera, formada por diferentes asociaciones, instituciones y recursos presentes en dichos barrios y que parte de Proceso Comunitario “Yo soy Calvario, Yo soy Ribera”, surge la idea de realizar estas Primeras Jornadas Formativas y de Intercambio de Experiencias en el ámbito de la Salud Comunitaria, poniendo el foco en la comunidad como un promotor de salud.

El objetivo es acercar esta formación a la población, dando especial importancia a la participación activa y la colaboración de las asociaciones de pacientes, colectivos sociales y otras entidades de la comunidad implicadas en el cuidado de la salud. Serán dos días en los que compartiremos tanto iniciativas como experiencias en torno a la Salud Comunitaria.

PULSA AQUÍ para conocer la información completa de las jornadas.

Ocuparse de la ocupación

En los últimos días, hemos asistido a un importante tratamiento mediático del fenómeno de la ocupación[1] en diversos puntos del territorio castellano-manchego. Son varias las notas periodísticas y espacios radiofónicos en medios locales y regionales que se han hecho creciente eco de este fenómeno, ofreciendo diferentes énfasis y tonos. La atención prestada en el contexto actual, marcado por los efectos de la pandemia y el despunte de una nueva crisis, nos invita a revisar las formas en que estamos pensando y actuando no solo la ocupación como tal, sino también nuestras comunidades vecinales, barriales o locales, desde el ámbito cotidiano hasta el institucional.

En tal sentido IntermediAcción, como Asociación por la Mediación Social e Intercultural, con trayectoria de años de trabajo en intervención comunitaria en diversos territorios y en particular en comunidades de vecinos de promociones de vivienda pública en la ciudad de Toledo, queremos ofrecer nuestra mirada como posible aporte a esta reflexión y en pos de la construcción de respuestas sostenibles, corresponsables y comunitarias. Lo hacemos desde la conexión entre teoría y praxis, puesto que nuestra intervención pretende combinar muy estrechamente el rigor científico en las metodologías empleadas, la construcción participada de los diagnósticos y las acciones colectivas y acordadas entre todos los agentes implicados. 

Desde esta combinación de elementos a tener en cuenta, difícilmente podremos comprender (y por tanto actuar sobre) el fenómeno de la ocupación si lo definimos como un mero acto individual, incluso cuando éste pueda estar asociado a la ilegalidad y demande una actuación a este nivel. Es decir, sin ahondar en las dimensiones sociales, signadas por la vulnerabilidad y riesgo de exclusión, y sobre todo políticas, en términos de políticas públicas y de las fuerzas del mercado inmobiliario que han incidido directamente en éstas, en particular desde la crisis vivida en 2008. En definitiva, dimensiones estructurales e históricas que explican el problema del acceso a la vivienda como principal nudo problemático que, como otros, se ha visto recrudecido en “tiempos de pandemia”. Que esto salga a la luz de forma tan clara ahora precisamente también nos sugiere la necesidad de atender a algunos ingredientes clave: la situación de excepcionalidad como generadora de nuevas indefiniciones que permiten que se desarrollen estrategias no normalizadas de acceso a la vivienda, así como la fragmentación o la falta de continuidad en el tiempo de los acompañamientos a determinados contextos de especial vulnerabilidad.  Es algo que hemos aprendido con esta crisis: lo que no funcionaba antes, ha funcionado peor, puesto que las causas se han agravado. La ocupación no ha surgido de la pandemia, pero se agudizado porque los factores de desigualdad de los que bebe su sistema, se han agrandado. Como ha pasado con otras muchas cosas, como la brecha digital y la fuerte desigualdad educativa.

Así, en materia de vivienda persiste antes y durante la pandemia un parque público escaso, que no llega a cubrir las demandas existentes, con procesos de adjudicación ralentizados, así como también numerosas construcciones sin finalizar y viviendas vacías en manos de bancos y fondos buitres, tras la explosión de la llamada “burbuja inmobiliaria”. Edificaciones que configuran gran parte del paisaje rural y urbano en Castilla-La Mancha y que son escenario de la mayor parte de las ocupaciones desde entonces.

Paralelamente, las barreras de acceso a la vivienda en el llamado “mercado libre” son claras para quienes se disponen a alquilar: no solo por el porcentaje que el precio del alquiler supone a nivel (en torno al 40%) de la o las nóminas aportadas, sino también la antigüedad del contrato e, incluso, si éste es indefinido. Si “del otro lado”, el propietario teme el impago, en la brecha se encuentran los seguros, que establecen sus propias medidas para determinar solvencia.

Sin entrar en aspectos normativos, la ocupación como fenómeno es síntoma y consecuencia de un proceso de desregulación y de especulación del mercado de vivienda que, como otros casos, antepone la mercancía a los derechos; en este caso, el de acceso a la vivienda digna.

Por lo que, definir la ocupación como un fenómeno complejo implica reconocer las causas estructurales e históricas, interconectadas, que se conjugan con las diferentes situaciones que coexisten en cada localidad o comunidad de vecinos: situaciones de vulnerabilidad y riesgo de exclusión, sensación de alarma e inseguridad permanente que afecta la calidad de vida de residentes, así como también presencia de hechos delictivos y de una actividad delictiva transversal, que genera lucro a partir del problema de acceso a la vivienda.

Ciertamente, los hechos delictivos ponen en jaque la convivencia y la calidad de vida de residentes en general, más allá de su situación regular o irregular, de pago o impago. Y precisan una actuación particular e individualizada a tal nivel, sin que ello implique desconocer otras situaciones y otras formas de intervenir en éstas. Las generalizaciones por lo tanto y esa tendencia a “meterlo todo en el mismo saco”, poco ayuda a un tratamiento correcto y efectivo con el que comenzar a proyectar respuestas.

A lo largo de nuestra experiencia en concreto como promotores de convivencia vecinal y comunitaria hemos concluido lo importante que es diferenciar el delito de situaciones de vulnerabilidad y de la convivencia. Porque en muchos casos se construyen discursos que conectan peligrosamente “personas sin recursos” con “problemas de convivencia”, cuando sabemos a ciencia cierta que no es posible establecer este tipo de correlación, y mucho menos conectarlo con delincuencia.

En tal sentido, la generación de categorizaciones es un modo de decir y una operación discursiva muy extendido y presente en la forma en que pensamos los desafíos de nuestro tiempo. Nombrar no es algo simple. Así, hablar de personas en situación de calle o en situación de ocupación, no es un mero giro discursivo “políticamente correcto”, hay una intención de desligar y preservar el carácter de persona, preexistente, y los derechos inalienables asociados, de la situación por la que atraviesa. Con ello, el énfasis está en el abordaje de tal situación y, en todo caso, en cómo afecta a quien la vive. Apelar a un trato responsable de la información, es también ser conscientes de que generar categorizaciones, por lo demás, enriquecidas con asociaciones o connotaciones negativas tales como “delincuencia” o “problemas de convivencia”, genera un discurso que, al reproducirse, produce brechas. Es un “dispositivo” potente porque predispone una emoción, una actitud, un razonamiento y una conclusión anticipados, que puede impedirnos ir más lejos que la reacción que nos provoca las asociaciones hechas.

El riesgo de no discernir y crear “chivos expiatorios”, destinatarios de frustraciones y de discursos de odio, es cegarnos ante las posibilidades de corresponder como sociedad democrática. Ante situaciones de crispación social, el riesgo es mayor, pudiendo preparar el terreno para graves vulneraciones de derechos y nuevas dinámicas de exclusión.

Por ello apelamos a la necesidad de actuar en cada ámbito definiendo y delimitando bien cada concepto en juego, entendiendo que problemas de convivencia existen en cualquier lugar donde diferentes personas y familias comparten espacios comunes de relación, sin que de ello se puedan desprender factores de mayor vulnerabilidad que se relacionen con escasez de recursos económicos o delincuencia.

Partir de ello, sin dar nada por hecho, permite actuar en concordancia a un enfoque de derechos que garantice y preserve el bienestar individual, familiar y comunitario. Pero también en tanto se quiera avanzar en una respuesta efectiva, ya que los hechos delictivos y su tratamiento, como las situaciones de riesgo que provocan, son un límite para el desarrollo comunitario, social y personal, como también para las intervenciones que quieran hacerse desde tal marco.

Por su parte, promover la convivencia tiene una estrecha relación con la calidad de vida y las posibilidades de mejora en todos los niveles: individual, familiar, vecinal e incluso barrial o local. Un enfoque comunitario es una estrategia preventiva que procura evitar niveles de conflictividad que afecten dicha calidad de vida, a la vez que promocional, en tanto aboga por generar una retroalimentación positiva que incide en el cuidado de lo común y del bienestar individual, familiar y vecinal. Convivir es romper brechas y cuidar las relaciones que generamos. Para ello es fundamental contar con todos y todas, como vecinos y vecinas que somos en cualquier lugar que habitemos, así como también, con técnicos y profesionales y con instituciones y responsables políticos.

En tal sentido, toda actuación emprendida, sea institucional, periodística o desde el uso de las redes sociales, conlleva responsabilidad, ya que contribuye a alimentar discursos que tienen la capacidad de obturar o, por el contrario, de habilitar los caminos a seguir y la propia convivencia que queremos darnos. En este sentido, apelamos a la responsabilidad que todas y todos tenemos para que se haga un tratamiento correcto de los retos que supone la aplicación de un enfoque de derechos y deberes, en donde las diferentes oportunidades y necesidades se contextualicen debidamente dentro de la estructura de desigualdad en la que la vivienda, como otros tantos ámbitos fundamentales para las personas, participa.

De más está decir que, ante un problema complejo, no existen soluciones unívocas ni unilaterales. Tampoco hay fórmulas mágicas en esto. De allí que sea necesario un enfoque integral que pondere las actuaciones a realizar en distinto nivel y en función de su impacto y sostenibilidad, de lo individual y familiar a lo comunitario, barrial, local y regional y viceversa. El acuerdo y la búsqueda de caminos bien fundamentados y guiados hacia soluciones compartidas y acordadas parece no una fórmula de éxito asegurado, pero sí una opción deseable y coherente con nuestras sociedades democráticas.

Un enfoque integral y garante de derechos no debe ser leído como la resignación de unos por otros, sino desde la consciencia de la necesidad de unos y otros. Si la pandemia ha dejado un legado es esa urgente necesidad de cambiar el paradigma individualista y apostar por lo común; la necesidad del otro y de lo otro como base y pilar de lo público.

Como señala Marcia Tiburi, el diálogo es la herramienta que desde lo micro podemos enarbolar y ejercer para abrir esos otros caminos que nos permitan construir colectiva y comunitariamente sociedades y mundos en los que sea posible cohabitar y convivir. Desde IntermediAcción nos sentimos apelados en esta llamada constructiva que nos invita a asumir un enfoque integral, contextualizado, no sesgado, comprometido y cuidador. Una mirada común y responsable que nos permita verdaderamente pasar de la preocupación o la alarma social a ocuparnos de la ocupación.

Imagen: acuarela de Kalina Toneva

_____________________________________

[1] Es necesario distinguir ocupación, como el hecho de la ocupación de forma irregular de una vivienda, pública o privada, de okupación, como movimiento político reivindicativo, presente en España en la década de 1980 (por ejemplo, consultar Martínez López, 2007). Sus causas, orígenes y situaciones son diferentes y deben ser diferenciados, dado que su asociación, además de inducir a error, puede provocar efectos tales como la invisibilización del carácter político y activista del segundo y, de igual forma que sucede con el tratamiento de la ocupación en términos generales, su criminalización sin más.

Una apuesta por el bien común tobarreño

“Yo soy Tobarra” es el lema con el que arranca en dicha localidad de Albacete el Proyecto de Intervención Comunitaria para el Fomento de la Convivencia Ciudadana Intercultural, un proceso en pos del desarrollo comunitario y la cohesión social. El proyecto está impulsado por la Consejería De Bienestar Social de Castilla-La Mancha en el marco de la convocatoria de subvenciones para el desarrollo de proyectos de Inclusión Social, con el apoyo del Ayuntamiento y los Servicios Sociales de Tobarra, y desarrollado por la Asociación IntermediAcción.

El proyecto pretende remover los cimientos del imaginario colectivo para promover una cultura abierta al diálogo, la cooperación, la diversidad y la toma de decisiones colectivas en torno a los retos que supone hoy en día vivir en comunidad. Para ello, el proyecto tiene varias fases, siendo la primera de ellas la elaboración entre todas las personas implicadas de un diagnóstico sobre la realidad tobarreña.

Así, si vives o te identificas de alguna forma con Tobarra, aquí tienes un espacio donde compartir inquietudes, ideas, encontrar conexiones y buscar, de forma dialógica y positiva, los caminos del bien común tobarreño.

Para informarte del proyecto y las formas de implicación se ha elaborado una Hoja Informativa que se irá publicando de manera periódica, a cuyo primer número puedes ACCEDER AQUÍ.

También puedes seguirnos en las redes sociales a través de nuestra página de Facebook y en nuestro perfil de Instagram, o contactar directamente con la mediadora comunitaria del proceso en la dirección de correo electrónico: tobarraalbacete@intermediaccion.es

Franciscanos para mí: del recuerdo personal al mapeo colectivo en el barrio de Albacete

El Proyecto de Intervención Comunitaria, Mediadora e Intercultural en el barrio de Franciscanos comenzó hace poco y, en su primera fase, pretende hacer acopio de toda la información posible, objetiva y subjetiva, por parte de los tres protagonistas de la ciudadanía: las personas que habitan el barrio, el personal técnico de los recursos y las administraciones presentes.

De forma objetiva podemos conocer los puntos relevantes a nivel histórico, administrativo, laboral, de salud… pero igualmente importantes son todos esos puntos especiales por representar momentos, historias y sucesos. Por otro lado, el proceso comunitario busca ser participativo durante todo el proyecto, por lo que la actividad está pensada para revalorizar y poner de manifiesto el conocimiento compartido entre todas las personas que tengan un recuerdo que compartir.

#franciscanosparami pretende ser una especie de mapeo de recuerdos que, a su vez, sean accesibles para todas las personas a través de los hashtags. En las siguientes imágenes podrás encontrar tanto la explicación como los pasos para participar.

Así vemos nuestros museos: una oportunidad para la inclusión social

Hoy es 18 de mayo y celebramos el Día Internacional de los Museos. Lo hacemos en un contexto de pandemia mundial con un sector turístico especialmente vulnerable. Lo hacemos, además, bajo una temática elegida por el Consejo Internacional de Museos que adquiere un valor tremendamente significativo en estos momentos: Diversidad e Inclusión.

Lo que ha pasado en Toledo con todos estos ingredientes resulta muy esperanzador. Y como casi todas las oportunidades verdaderamente interesantes, ha surgido fruto de relaciones previas establecidas. Desde la Real Fundación, muy sensibles a la dimensión comunitaria de estos espacios culturales y conociendo el trabajo desarrollado por nuestra entidad en el ámbito social, buscan generar una alianza con IntermediAcción para la celebración de este día internacional.

Establecer un diálogo entre diferentes ámbitos de actuación siempre resulta enriquecedor e ilusionante, y en este caso además ha sido bastante productivo. Y es que cuando decimos que la perspectiva comunitaria es la única capaz de generar verdaderos espacios de inclusión no lo decimos por antojo o capricho. Nunca será posible generar una sociedad inclusiva si no contamos con toda nuestra comunidad.

Tampoco será posible afrontar estos nuevos retos sobrevenidos si no lo hacemos contando con todas las perspectivas, miradas y expectativas. Cuando nos relacionamos con otro sector diferente al nuestro y vemos la manera en la que éste lo está viviendo, es inevitable pensar en las conexiones e intereses que nos unen. Así ha ocurrido al vincular con esta celebración las situaciones de museos y entidades sociales.

Esto no ha sido fácil mientras nos hemos movido en un contexto de fragmentación del Estado del Bienestar en donde cada ámbito y sector ha ido construyendo por su cuenta. Se han invertido muchos esfuerzos y recursos en generar planes y programas, proyectos e iniciativas que entendían el concepto de crecimiento únicamente en términos económicos, buscando cifras y resultados a corto y medio plazo. Pero existe un ingrediente clave que puede hacernos multiplicar cualitativamente nuestra eficiencia: contar con los demás.

Contar con nuestras instituciones y organizaciones culturales en el diseño y ejecución de políticas de inclusión se ha hecho muy evidente en esta pequeña acción llevada a cabo para el Día Internacional de los Museos. Espacios que han estado demasiado tiempo enfocando sus prioridades al turismo, a las cifras de visitantes y al éxito medido en términos numéricos. Esta crisis ha vuelto a poner encima de la mesa su principal valor para con los territorios en donde se ubican: generar una oportunidad más para construir iniciativas conjuntas que multipliquen la capacidad inclusiva del entorno.

Cuando la Real Fundación contacta con IntermediAcción se genera una nueva oportunidad para todas. Es algo que ocurre con cada alianza, venga de donde venga, lo haga quien lo haga. Se trata de una cuestión simple de amplitud de miras. Porque entran en escena muchos más actores debido a las relaciones previas establecidas por ambas partes, sumando miradas y perspectivas… Esta confluencia de caminos facilita mucho que en un par de semanas se pueda materializar un programa muy rico e ilusionante. Aunque lo más interesante de esta alianza generada es que ha permitido visibilizar todo el potencial existente en la suma y la necesidad de mantener esta vinculación en un proceso de transformación socio-cultural más amplio. Y parece que esto sucede además en un momento muy favorable, en el que el Ayuntamiento de Toledo está dando pasos importantes para articular espacios comunes de trabajo tanto en el ámbito cultural como en el social. Algo está cambiando con esta crisis sanitaria y algunas iniciativas podrían reforzar el gran papel que la cooperación y la mirada comunitaria puede aportar para la recuperación de nuestros barrios. Felicitamos en este sentido a nuestra corporación municipal y animamos a todos los colectivos y entidades participantes en estos espacios locales compartidos a mantenerse firmes en la fórmula de la alianza por encima de la competitividad.  En este sentido, consideramos enorme el gran papel que nuestros servicios públicos pueden tener en articular y dar sentido a todo ese conocimiento compartido generado antes y después de este duro contexto, que permite contar con todas las miradas y aportaciones para construir nuevas respuestas más plurales, ricas y democráticas.

Así Veo mi Museo es una de las actividades resultantes llevadas a cabo con infancia y familias para celebrar el Día Internacional de los Museos. El Colegio Público San Lucas y María, comunidad de aprendizaje desde hace varios años, ha sido un gran aliado en esta estrategia, junto al Consejo de Participación Infantil y Adolescente impulsado por al Ayuntamiento de Toledo y la Asociación Tributo. Iniciar este camino ha sugerido la necesidad de contar con una estrategia más global entre Museos y espacios culturales para ganar a las infancias –en plural– de sus territorios como grandes protagonistas de estos espacios. También estamos aprendiendo que aplicando una mirada interdisciplinar ganamos todas, tanto en lo cuantitativo como en lo cualitativo. Y particularmente comprobamos que, observando los museos y sus obras desde la mirada infantil, ganamos significativamente en accesibilidad e inclusión hacia todas las personas y colectivos.

Con la presentación de los dos documentales Cambia el marco y Con ellas, nos acercamos a realidades presentes en nuestra ciudad y que, en cambio, cuentan con escasa visibilidad. La diversidad vinculada tanto al ámbito de las confesiones religiosas como al género es una asignatura pendiente por trabajar en nuestros barrios para que se reconozca dicha diversidad, se asuma como parte de nuestra propia identidad y se cuente con ella. En este sentido, se han dado importantes pasos en el Proceso Comunitario del barrio del Polígono, impulsado por el Ayuntamiento de Toledo junto a IntermediAcción y otras muchas entidades sociales, instituciones y ciudadanía. Pero aún queda mucho por hacer para incorporar plenamente esta diversidad socio-cultural en nuestra cotidianidad normalizada. Hablar de ello en este contexto tiene sin duda un gran paso simbólico, pero requiere de un camino más ambicioso aún por construir de forma conjunta.

Pero sobre todo con esta fuerte alianza que acaba de empezar y promete convertirse en un bonito proceso de inclusión comunitario,  estamos aprendiendo que así vemos nuestros museos: como una gran oportunidad para hacer de ellos espacios más conectados con sus propias comunidades, en donde la cercanía y la inclusión de todas las realidades existentes en ellas sea un compromiso posible y deseable. En donde el foco de atención lo pongamos en las personas y colectivos que viven en nuestra ciudad y, por coherencia en este enfoque inclusivo, en todas aquellas que vengan a conocer quiénes somos y con qué valores nos identificamos.

Una mirada desde la diversidad cultural

Desde el Proyecto de Intervención Comunitaria y Mediadora del barrio de Franciscanos en Albacete, hemos ideado una actividad con motivo de la celebración el próximo 21 de mayo del Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo. Queremos que esta actividad sea una nueva “excusa” para seguir sumando barrio desde las diversidades:

Un COLOQUIO VIRTUAL sobre desarrollo y convivencia en el barrio de Franciscanos, que lleva por título Una mirada desde la diversidad cultural.

Esta actividad está pensada para hablar, escuchar y compartir el conocimiento (opiniones, vivencias, percepciones, propuestas) que las asociaciones y colectivos de inmigrantes y/o de carácter intercultural tienen sobre el propio barrio.

A lo largo del proyecto esperamos seguir realizando más coloquios que contribuyan a recoger otras miradas, como por ejemplo la de la infancia, de diversidad funcional o de recursos y asociaciones del barrio.

¡Si te gustaría participar en algún coloquio, ponte en contacto con nosotras para ver cómo lo hacemos!

La Comunidad no está en cuarentena

“Yo soy Franciscanos” es el lema con el que, desde el mes de marzo, arrancamos en el barrio de Franciscanos de Albacete un proyecto de Intervención Comunitaria, Mediadora e Intercultural. Está promovido y desarrollado por la Asociación IntermediAcción, con el apoyo del Ayuntamiento de Albacete (desde el marco de la convocatoria de Subvenciones para Proyectos y Actividades de Integración Social 2020).

Sin lugar a dudas, un nuevo reto comunitario que esperamos consiga ser una herramienta más para la convivencia, la inclusión y el fortalecimiento de las redes comunitarias de las que tanto se está hablando durante estos días.

Aquí os dejamos la primera Hoja Informativa del proceso comunitario, en la que encontrareis más información sobre el mismo.

¡Ya sabes! Si vives, trabajas, gestionas o de alguna forma te identificas con Franciscanos, aquí podrás encontrar un espacio donde compartir tus visiones, inquietudes y poder conectarte con otros vecinos, asociaciones, entidades y/o profesionales que, como tú, también están pensando en el bien común del barrio y sus habitantes.

ACCEDE AQUÍ A LA HOJA INFORMATIVA

Guía Comunitaria de Recursos de Toledo para hacer frente al COVID-19

Como la información es poder y en estos tiempos además tiene una importancia vital, ponemos a vuestra disposición la Guía Comunitaria de Toledo frente al Covid-19.

Un documento que recoge pautas y recomendaciones, así como información relevante y medidas tomadas ante la pandemia por parte de los recursos de salud, servicios sociales, mayores, ludotecas, transportes, empleo, vivienda y suministros, entidades sociales, asociaciones vecinales… Más de un centenar de recursos activos en la ciudad que conforman ahora mismo el potencial existente para superar la actual crisis sanitaria de la mejor forma posible.

Esta iniciativa se impulsa desde el Ayuntamiento de Toledo a través de la Concejalía de Servicios Sociales y sus Servicios Sociales de Atención Primaria, junto con la Asociación IntermediAcción. El objetivo es sencillo: que conozcamos mejor con qué recursos contamos y dónde llamar en caso de necesitarlos. No es una guía convencional por su provisionalidad y el contexto en el que nos encontramos.  Su valor como herramienta útil adaptativa refleja la respuesta que ciudadanía, recursos profesionales e instituciones han tejido entre sí para afrontar la pandemia, poniendo en marcha en tiempo récord nuevos mecanismos de acompañamiento e innovación social para frenar la curva de contagios y que nadie en la ciudad se quede atrás.

La mayor parte de los recursos que aparecen en la guía se proporcionan a distancia gracias al papel que están teniendo las redes sociales y las opciones telefónicas y/o virtuales. Podemos afirmar entonces que todos estos recursos que conforman están siendo determinantes para reforzar todo ese “sistema inmunológico” que tiene nuestra ciudad para hacer frente a los retos actuales. Además, la creatividad y flexibilidad de las respuestas para pensar en las necesidades específicas de todos los colectivos y superar la brecha digital, son también muy significativos e ilusionantes.

Los destinatarios mayoritarios de esta guía son los toledanos y toledanas como potenciales agentes promotores de salud en estos momentos. Pero desde su inicio se ha pensado en dar respuesta a algo que el equipo comunitario había ido detectando desde el comienzo de la crisis: el gran papel comunitario que están haciendo los profesionales de las farmacias y tiendas de proximidad de alimentación y servicios básicos, como agentes socializadores y canalizadores de información que aún mantienen espacios de relación presenciales. Las compras en estos establecimientos se han convertido en momentos únicos con múltiples utilidades: de abastecimiento, de solidaridad, de información, o de conexión entre iniciativas, pero también de promoción y prevención. Esta guía quiere servir de muleta para que estos agentes comunitarios promotores de salud y bienestar comunitario puedan hacerlo mejor aún. Y por supuesto, para que todas las entidades que han impulsado los recursos que refleja el documento, puedan conectarse mejor entre sí y ganar la fuerza que necesitamos.

PULSA AQUÍ para acceder a la Guía.